Narración, Identidad, Interacción: Relectura more

Published in Paradojas de la interculturalidad: Filosofía, lenguaje y discurso. Ed. Mª Carmen López Sáenz and Beatriz Penas Ibáñez. (Razón y sociedad). Madrid: Biblioteca Nueva, 2008.

Narracion, identidad, interaccion: relectura* Jose Angel Garcia Landa Este tftulo ha cambiado varias veces desde que comence a redac- tarlo. A menudo descubrimos lo que queriamos decir unicamente cuando lo hemos dicho, o descubrimos quienes somos solo al ver lo que hemos hecho. Tambien sobre esto versa este trabajo. Examinare la naturaleza configurativa del discurso, haciendo converger varios temas diferenciados: 1. la relectura, 2. la narracion, 3. la identidad y 4. la in- teraccion. A ellos se refiere el tftulo. Tambien intenta realizar una con- figuracion preliminar de estos terminos uniendolos parcialmente en una frase un tanto problematica, algo asf como «relectura de las rela- ciones entre narracion, identidad e interaccion (y relectura)))1. Podrfamos intentar una integracion inicial de estos terminos dis- pares mediante comparaciones tentativas o sfntesis parciales, viendo primero los conceptos a que alude el tftulo por pares, unos en termi- nos de otros. Por ejemplo, empezando por «identidad» y «narracion», y seguidamente «relectura» y «narracion», examinando la narracion como una forma de relectura. * La version inglesa de este capftulo titulada «Rereading(,) NarrativeQ Iden- tity(,) and Interactions aparecio en B. Penas Ibafiez y M> C. Lopez Saenz (eds.), 2006, pags. 207-225. Todas las traducciones que aparecen en el artfculo son personales del autor. 1 Identidad narrativa: en Ricosur, Taylor, PoUdnghorne, Kerby. Interaccion comunicativa: en GofFman, Brunei', Blumer. Con algunos toques de narratologfa li- teraria, especialmente de Walker Gibson, Wayne Booth y Wolfgang Iser. 184 Jose Angel Garcia Landa «IDENTIDAD« Y «NARRACION» Identidad y narration son terminos consonantes desde una perspectiva que partiendo de Heidegger sostenga la articulation del Ser por medio del lenguaje. De hecho podrfamos remontarnos has- ta Parmenides, si consideramos que tiene relevancia para el tenia que tratamos una identification todavfa mas general del Ser y el pensamiento2. Pero uno puede perder facilmente el hilo estableciendo relacio- nes tan generales, especialmente cuando su relevancia para la cues- tion de la narration y la identidad (que es nuestro objeto) esta unica- mente implfcita. Prefiero remitirme, por tanto, a una lfnea de pensamiento con la que congenio mas, y que creo proporciona una referenda clasica mas inmediatamente relevante para fundamentar la relation entre la identidad personal y la narration. Se trata de la idea de Hume al efecto de que nuestra notion de identidad personal se constituye mediante nuestras asociaciones de ideas, como un efecto de la memoria. Las estructuras narrativas, aunque no son explicita- mente mencionadas por Hume, son ciertamente un instrumento ba- sico para establecer asociaciones entre recuerdos y proporcionar un sentimiento de la propia identidad. El analisis que hace Hume de la identidad personal empieza con una reflexion mas general sobre los conceptos de identidad y diversidad: Tenemos una idea diferenciada de un objeto, que permanece invariable e ininterrumpida a lo largo de una variation de tiempo que supongamos: y a esta idea la llamamos la de identidad o mis- midad. Tenemos tambien una idea diferenciada de varios objetos diferentes que existen en sucesion y estan conectados entre si me- diante una relation estrecha: y esto a una vision exacta le propor- ciona una notion tan perfecta de la diversidad como si no hubiese ningun tipo de relation entre los objetos. Pero aunque estas dos ideas, la de identidad y la de una sucesion de objetos relacionados, sean en sf mismas perfectamente distintas, e incluso contrarias, sin 2 Este axioma de la identidad entre pensamiento y ser podria tambien usarse, naturalmente, para conducirnos, en virtud de lo que deja fuera, a otro tema relevan- te, a saber el conflicto de perspectivas y de interpretaciones: pensamiento —,;de quien? Ser— ^para quien? Es decir, no todo el ser (o seres) se piensa a la vez, ni en el mismo sentido, ni por todo el mundo. Asf pues, la identidad de pensamiento y sei- se disuelve en el momento en que tomamos en consideracion la diversidad y multi- plicidad de las mentes, y se revela como una nocion metafisica en el peor sentido de la palabra: como una evasion de las situaciones y conflictos de la vida real. Narracion, identidad, interacciOn: relectura 185 embargo es cierto que en nuestra manera corriente de pensar se confunden generalmente una con la otra. (Hume 1896, pag. 253). Si se acepta el diagnostico de Hume, se vera facilmente que una narracion que conecta una diversidad de acontecimientos conduci- ra facilmente a generar un objeto ideal (por ejemplo, un aconteti- miento historico) cuya identidad sera producida por la configura- tion narrativa. Porque «nuestra propension a confundir identidad con relation es tan grande, que somos dados a imaginarnos algo des- conocido y misterioso que conecta a las partes, al margen de su rela- tions (1896, pag. 254). Tanto las narraciones como las identidades personales parecen estar entre los ejemplos mas claros de este princi- pio general que describe la generation de objetos ideales —aunque se cuestione el principio en si en tanto que base para describir la ge- neration de todo tipo de objetos ideales—. «Todos los objetos a los que adscribimos una identidad, sin observar en ellos invariabilidad y falta de interruption, consisten en una sucesion de objetos rela- cionados» (1896, pag. 255). La identidad que adscribimos, como de costumbre en Hume, depende al menos tanto del habito como de la experiencia directa: ciertamente, «donde al fin se observa que los cambios se vuelven con- siderables, tenemos reparos en adscribir identidad a objetos tan dis- tintos» (1896, pag. 257). Pero si la identidad se crea mediante el «avance ininterrumpido del pensamiento» (1896, pag. 256), enton- ces cualquier interruption del pensamiento tambien mterrumpira la adscripcion no problematica de identidad. Por tanto, podriamos ana- dir, el debate sobre identidades que cuestione las ideas recibidas y los habitos mentales puede produtir una seria conmocion en los medios corrientemente utilizados para transmitir identidades —o para cons- tituirlas. Otro aspecto interesante de la conception de Hume es que la identidad es adscrita por el observador; no es inherente a las cosas asociadas en sf mismas (1896, pag. 260). Y de hecho, la identidad personal parece requerir para Hume una dimension reflexiva, ya que es adscrita mediante la auto-observacion del sujeto, en su capacidad reflexiva, no mediante la conexion espontanea de ideas en la mente. La identidad se cimenta con la repetition, con la duplication semio- tica, ya sea en forma de reflexion, o en forma de memoria: «el re- cuerdo no solo descubre la identidad, sino que tambien contribuye a sus production, al produtir la relation de paretido entre las percep- ciones... Como unicamente la memoria nos da a conocer la conti- nuidad y extension de esta sucesion de percepciones, ha de conside- 186 Jose Angel Garcia Landa rarse, sobre todo por esa razon, la fuente de origen de la identidad personal* (Hume 1896, pag. 261)3. El concepto fluido del yo que asoma la cabeza en esta concep- cion de Hume encuentra una formulacion decididamente moderna en la obra de Nietzsche. Para Nietzsche, el yo no es una sustancia, sino un devenir, una construction, que se vuelve sobre si mismo para conocerse y rehacerse indirectamente mediante signos y si'mbo- los de auto-interpretacion (Polkinghorne 1988, pag. 154). Menos espectacularmente quiza que en Niezsche, el yo moderno tal como es teorizado por los existencialistas y por las ciencias sociales herme- neuticas siguiendo a Heidegger y a Paul Ricoeur es un yo que tiene una dimension narrativa como ingrediente esencial. Citando a Do- nald Polkinghorne, «los seres humanos existen en tres dimensiones: la dimension material, la dimension organica, y la dimension del significado. La dimension del significado se estructura de acuerdo con formas lingufsticas, y una de las formas mas importantes para crear sentido en la existencia humana es la narracion» (Polkinghor- ne, 1988, pag. 183). Desde el punto de vista de la psicologla hermeneutica, el yo es un producto de la accion y de la representacion, y las narraciones del yo son un principio de representacion y estructuracion de primer orden. En este sentido la realidad esta entretejida con ficciones narrativas. El analisis que hace Ricceur de las configuraciones temporales en Tiem- po y narration, de la interpenetracion que se da entre historia y fic- cion en cualquier representacion narrativa, es quiza la intervencion teorica contemporanea de mayor calado desarrollando esta Imea de pensamiento. En Narrative and the Self, Anthony Paul Kerby observa que las implicaciones de la hermeneutica narrativa son igualmente relevantes para la historiografla, la teoria literaria y la psicologia: «Las historias que contamos sobre nosotros mismos estan determinadas no solo por la manera en que somos narrados por otras personas, sino tambien por nuestros lenguajes y por los generos narrativos heredados de nuestras tradiciones» (Kerby, 1991, pag. 6). La autonarracion es una actividad interpretativa: el significado del pasado del sujeto se reconfigura en el presente: «nuestras narra- ciones conscientes inevitablemente reconfiguran y anaden incre- 3 Sin embargo, Hume tambien enfatiza, posiblemente como una objecion a Locke, que la memoria no produce enteramente nuestra identidad, ya que la exten- demos mas alia de nuestra memoria (1896, pag. 262). Y pasa a enfatizar la impor- tancia del habito y de las ideas recibidas. Narracion, identidad, interacciOn: relectura 187 mentos al nivel prenarrativo de la experiencia» (Kerby, pag. 9). Para pensadores como Alasdair Maclntyre y Hannah Arendt, la auto- comprension conlleva la estructuracion argumental de las experien- cias propias: somos «animales narradores» (Maclntyre, 1981, cit. en Kerby, 1991, pag. 12). Segun he comentado al discutir la teoria de Hume, hay una relacion entre el acceso a la memoria y la estructu- racion argumental (Cfr. tambien Kerby, pag. 28). La estructuracion narrativa de los recuerdos genera nuestra eomprension del pasado. El pasado no tiene un significado determinado, ya que no podemos evitar «la historicidad de nuestra mir'ada y de nuestros intereses». Para Kerby, «nuestro discurso sobre la identidad es constitutivo de la identidad, no se refiere a un sujeto ontologicamente previo (...). El sentido de una vida puede comprenderse adecuadamente solo me- diante un marco narrativo, un relato» (Kerby, pags. 31, 33). La dis- tancia de la que hablaft los analistas de la novela entre el yo perso- naje, sujeto de la experiencia, y el yo narrador, es esencial tambien para el estudio de la subjetividad en general (Kerby, pag. 38). La narracion es un instrumento cognitivo que transmite articu- laciones sociales de la identidad. Cada acto de comunicacion impli- ca en mayor o menor medida un acto de interpretacion y de recon- figuracion. Los esquemas narrativos, por tanto, son comunicados, pero tambien son transformados en el curso de su aplicacion a ca- sos concretos. Esto se da tanto mas cuando las narraciones son auto- reflexivas, deliberadamente experimentales. Si la narracion es una configuracion de tiempo y sentido, las configuraciones complejas como las que desarrollan las narraciones artfsticas son modelos y prototipos esenciales para el desarrollo de una comunicacion social creativa. «NARRACION» Y «RELECTURA» La narracion puede considerarse como una modalidad de la re- lectura. No tanto desde el punto de vista del receptor, a quien nor- malmente se informa mediante la narracion de algo nuevo para el, sino mas bien desde el punto de vista del narrador, que ya «conoce la historia» pero ha de darle una nueva configuracion cada vez que la cuenta. La narratividad tiene muchas dimensiones, pero la capacidad de repetition, de re-narration, es ciertamente una de ellas. Cuanto mas repetible, tanto mas narrativa es una historia; tanto mas claros estan los protocolos narrativos. Por ejemplo, en lo relativo a la narracion conversacional, los protocolos narrativos estan poco presentes en las 188 Jose Angel GarcIa Landa narraciones que solo se efectiian una vez (por ejemplo, cuando relato a mi esposa lo que he hecho por la manana en la oficina), pero se vuelven mas definidos en las narraciones que han adquirido una identidad; por ejemplo, y todavia en el nivel de la conversacion, anecdotas «celebres» que los conocidos se recuerdan unos a otros e in- citan a recontar. Pero tambien, por supuerto, en las narraciones que han adquirido importancia cultural: narraciones con titulos, escritas y publicadas (que desarrollan convenciones narrativas propias), mi- tos, novelas, pelfculas... La ficcion, por supuesto, no puede conside- rarse una «relectura» de acontecimientos en sentido literal, pero sus protocolos comunicativos derivan de los de las narraciones que son una relectura de acontecimientos, y ademas toda ficcion recicla es- quemas narrativos existentes, arquetipos, personajes que responden a una tipologfa. La lectura en si misma contiene elementos de relectura, ya que requiere un momento retrospectivo de revision y de reconfiguracion del pasado: no hay una lfnea nitida de demarcacion entre lectura y re- lectura. Como observa Wolfgang Iser, «durante el proceso de relectu- ra, hay un entretejerse activo de anticipacion y retrospeccion, que en una segunda lectura puede convertirse en una especie de retrospec- cion por anticipado» (1974, pag. 282). La relectura es un fenomeno complejo en el que pueden diferen- ciarse varias dimensiones. Por ejemplo, la relectura inherente a la li- nealidad del lenguaje (que vuelve sobre la pura secuencia de sonidos, letras, palabras o frases para estructurarlos y reinterpretarlos a la luz de los signos que los han seguido en la cadena hablada o escrita). Tambien, la relectura de esquemas discursivos y retoricos, o esa otra dimension de relectura que es consecuencia de la reconfiguracion operada por estructuras narrativas. Sostiene David Galef que «la relectura hace resaltar algunos as- pectos del texto y otros los amortigua» (1998, pag. 21). Lo mismo podrfa decirse en lo referente a otras formas de duplicacion semio- logica, como la adaptacion de una novela en una peli'cula, o la in- terpretacion cntica: en cada caso hay perdidas y ganancias, y algu- nas cuestiones desaparecen con la transformacion de un texto en otro. Y lo mismo se aplica tambien a la configuracion narrativa con- siderada como relectura: intensifica algunos aspectos de la serie pre- narrativa de acontecimientos, y amortigua otros. La narracion en tanto que lectura de acontecimientos esta inherentemente abierta a respuestas conflictivas cuando los acontecimientos a que se refiere son factuales y del dominio publico, como en el caso de las narra- ciones historicas. El conflicto sobre la lectura o representacion na- Narracion, identidad, interaccion: relectura 189 rrativa se da incluso en torno a aquellos acontecimientos flcticios que en cierto sentido son, podrfa decirse, propiedad e invencion personal del autor: el conflicto puede surgir, sin embargo, ya que se basan en arquetipos, esquemas valorativos y presuposiciones que existen con anterioridad, tipos de caracter, modelos argumentales, etc. El conflicto en torno a la configuracion narrativa es, por tanto, una modalidad prominente de interaccion narrativa. (Por suerte tambien hay otras). Si la narracion es en cierto sentido una relectura, entonces releer (literalmente) una narracion es siempre ya una duplicacion de una relectura inicial. Algunas narraciones reconocen esto, y crean efectos de relectura en su primera lectura: por ejemplo Les Faux Monnayeurs de Gide, paradigma de muchas ficciones reflexivas (Cfr. Galef, 1998, pag. 28). Al hacer esto, Uevan el proceso de relectura implicita un paso mas alia. La repeticion, por tanto, conduce tanto a la diferen- ciacion como a la identidad; no puede haber repeticion exacta, sino unicamente una identidad convencional, para determinados propo- situs, entre dos fenomenos semioticos distintos. Naturalmente, podriamos llevar al extremo este principio, y negar en absoluto la posibilidad de identidad. Por ejemplo, si nues- tra vision retrospectiva como relectores modifica la segunda lectura (ya que esta vez conocemos el final de la historia), ya no estamos le- yendo «lo mismo», asf que paradojicamente la relectura lleva a la negacion de la relectura en sentido estricto (vease Birkets, 1998). Pero se aprecia rapidamente que para la mayoria de las finalidades practicas necesitamos un grado de abstraccion que nos permita ha- blar tanto de identidad como de diferencia en los fenomenos que analizamos. Cuando la narracion se hace literatura, la densidad de la signifi- cacion procedente de la relectura se hace mayor4. La literatura (en el sentido de «algo que se escribe como literatura, o para que se vuelva literatura») es un tipo de escritura que aspira a ser relefda. La literatu- ra (en el sentido de «clasicos consagrados, obras canonicas») es aque- Uo queya ha sido releido por una tradicion cultural. Nos Uega ya eva- luada, lista para su uso en la interaccion comunicativa, y a ella van adheridos muchos intertextos y muchas duplicaciones semioticas po- tencialmente utiles (lecturas, crftica, alusiones...). Hay muchas indi- 4 «De aquf la necesidad de repetir la obra como una experiencia temporal, se- cuencial, si uno desea repetir la aprehension de su otredad (aunque la repeticion exacta no pueda darse nunca)», Attridge, 1999, pag. 27; traduccion mia. La relectu- ra tambien enfatiza la literariedad. 190 Jose Angel Garcia Landa NaRRACION, 1dentidad, INTERACCION: RELECTURA 191 vidualidades y contextos con los que podemos elegir interactuar me- diante el vehfculo que nos proporciona un clasico'. «LECTURA» E «INTERACClON» Antes de adentrarnos en el tema apuntado, tomemos dos ter- minos mas de nuestro tftulo para ver la manera en que se intersec- cionan, o interactuan: «lectura» e «interaccion». La lectura deberfa conceptualizarse como interaccion, o incluir la interaccion entre sus componentes, con roles textualizados para los receptores, segiin teorizaron Walker Gibson, Wayne Booth o Wolfgang Iser, con sus diversos conceptos de lectores de pega (mock readers), autores im- plfcitos o lectores imph'citos, respectivamente. El enfasis de los teoricos de la literatura en la interaccion textual deberia entenderse conjuntamente con otros desarrollos paralelos en el estudio de la interaccion conversational, o del uso del lenguaje en general. Los lingiiistas del texto y analistas del discurso tambien han enfatizado los protocolos colaborativos que hacen posible la comuni- cacion textual. Michael Hoey, por ejemplo, arguye que «[l]os escrito- res se anticipan a nuestras necesidades presentando la information en el orden en que la necesitamos y en el que la hemos recibido en el pa- sado, y nosotros por nuestra parte tenemos expectativas conformadas por nuestra confianza en que el escritor va a anticiparse a nuestras ne- cesidades» (Hoey, 2000, pag. 49). Un texto es una interfaz de interaccion en la que autor y lector se reunen para un encuentro comunicativo que ha sido disenado por los autores, pero que es iniciado por los lectores, y se desarrolla en un marco de entendimiento comun que podrfa describirse en terminos 5 Esto trae a la mente la boutade de Anatole France, a saber, que la critica es solo una forma elaborada de autobiografia: «Para hablar con franqueza total, el cri- tico deberia decir: «Caballeros, voy a hablar de rm mismo sobre el tema de Shakes- peare, o Racine, o Pascal, o Goethe, temas que me brindan una hermosa oportuni- dad» (France, 1971, pag. 671). Hay que admitir que el crftico puede tratar sobre su propia persona por la vfa indirecta de tratar de la interpretacion a cuenta de Rousseau, o de Poe, sobre «la cinta robadas, o sobre «Excusas (Confesiones)», por referirme a un caso celebre. Basta con tirar de la cinta, y se halla que «nos proporciona un even- to textual de interes exegetico innegable: la yuxtaposicion de dos textos confesiona- les unidos entre sf por una repeticion explicita, la confesion, por asf decirlo, de una confesion» (Paul de Man, 1979, pag. 279, traduccion mi'a). Las extrafias excusas que da Paul de Man a la mentira de Rousseau son la ocultacion de una ocultacion in plain view... casi, casi, la confesion de una confesion. > generales con las maximas de Grice sobre la cooperation comunica- tiva («Se relevante», «se ordenado», «no digas cosas sobre las que no tienes evidencia suficiente», etc.; vease Grice, 1989). Ademas, «de ser un lugar de interaccion entre autor y lector, un texto tambien puede ser el lugar en el que un escritor registra interacciones anteriores, o re- r presenta de modo ficticio interacciones que invocan uno o mas par- ticipantes ademas del escritor y lector mismos» (Hoey, 2000, pagi- nas 186-187). , , t Asf, el texto es el lugar donde interactuan una multiplicidad de intenciones (Cfr. Sell, 2000, pag. 202)'. Los patrones interactivos descritos por Hoey se desarrollan sin embargo a lo largo de las lfneas calculadas y disenadas por un autor. Otras teorfas de pragmatica lingufstica ofrecen una notion mas flexi- , ble y abierta de significado en interaccion. Para Jenny Thomas, «el sig- f nificado no es algo inherente a las palabras en sf mismas, ni es pro- f ducido por el hablante solo, ni por el oyente solo. La produccion del j significado es un proceso dinamico, que comprende la negociacion del significado entre el hablante y el oyente, el contexto de enuncia- cion (ffsico, social y lingiifstico) y el potencial de significado de un s enunciado» (Thomas, 1995, pag. 22). | ^Cual es el papel de la pragmatica en la lingufstica? Segun Tho- j mas, «la pragmatica se ocupa de las cuestiones que no se tratan en 1 otras areas de la lingufstica, como la asignacion de sentido en un con- j texto —significado del enunciado y fuerza pragmatica^—, los actos de ? habla, la implicatura, la indireccion y la negociacion del significado entre hablante y oyente» (Thomas, 1995, pag. 184). I Se observa facilmente que hay aquf un continuo entre pragmati- j ca y teorfa literaria, tan pronto como caemos en la cuenta que la j pragmatica no se aplica unicamente a la interaccion cara a cara, y sus- j tituimos «hablante» y «oyente» por «escritor» y «lector» en el frag- j mento que acabamos de citar. Esto hace surgir el problema de los 1 multiples contextos de la comunicacion escrita. Podemos tomar en J consideracion el contexto del autor, el contexto del lector, y el con- texto implfcito de la comunicacion literaria en el que pueden entrar en contacto. Pero la relacion entre estos contextos no esta predeter- minada. Quiza estas cuestiones puedan enfocarse de manera util por vfa del terreno comun que comparten con las propuestas del interaccio- nismo simbolico en otras ciencias sociales. Hay importantes coinci- dencias metodologicas entre los planteamientos de George Herbert Mead, Herbert Blumer y Erving Goffman, y los desarrollos contem- \ poraneos de la pragmatica literaria que derivan de la obra de Bajtfn 192 Josfi Angel Garcia Landa (1981, 1986), asf como con la critica de la lingiustica formalista que efectua la lingiiistica integracionalista. Segiin el interaccionismo simbolico, el estudio de la interaccion social ha de tener en cuenta la globalidad de la interaccion de los ac- tores, y no meramente los rasgos de la accion preseleccionados por un modelo estructural: «la interaccion social es una interaccion entre actores y no entre factores a ellos imputados» (Blumer, 1986, pag. 8). Este planteamiento de los interaccionalistas simbolicos recuerda a la «descripcion espesa» (thick description) de los fenomenos sociales con- cretes abogada por Geertz, 1973, as! como la descripcion del uso del lenguaje, en tanto que anclado en un proceso comunicativo mas am- plio, que realizan los integracionalistas6. «En virtud de la interaccion simbolica, la vida de los grupos humanos es necesariamente un pro- ceso formativo y no una mera arena para la expresion de factores pre- existentes» (Blumer, 1986, pag. 10). Los signos dirigidos al propio emisor, la comunicacion reflexiva y las autorrepresentaciones del sujeto son parte de un proceso per- manente de auto-interaccion (1986, pag. 13). La estructuracion na- rrativa puede interpretarse como uno de estos signos dirigidos al pro- pio emisor (aunque no se encuentran en Blumer referencias ni a la narracion ni se halla en el vocabulario hermeneutico). Los esquemas de accion preestablecidos no gobiernan las accio- nes futuras: «La accion conjunta repetitiva y estable deriva de un pro- ceso intepretativo tanto como el desarrollo por vez primera de un nuevo tipo de accion conjunta (...). Es el proceso social de la vida del grupo el que crea y mantiene las reglas, no las reglas las que crean y mantienen la vida del grupo» (Blumer, 1986, pags. 18-19). El interaccionismo simbolico niega la fijeza de la realidad del mundo empi'rico: «la realidad del mundo empi'rico aparece en el ' aqui y ahora" y es continuamente refundida al lograrse nuevos des- cubrimientos» (Blumer, 1986, pag. 23). El entasis que pone Blumer en la interpretacion casa bien con una perspectiva hermeneutica so- bre las ciencias sociales. Hay aqui, como ya hemos apuntado, inte- resantes puntos de contacto con la lingiustica integracional, en el sentido de que la situacion significativa completa no esta predeter- minada por cualesquiera codigos preexistentes que se hayan tornado en consideracion. La critica de Blumer a los modelos formalistas en el analisis social tiene mucho en comun con el rechazo de los inte- 6 A esto se une un interes por la comunicacion gestual y corporal que esta pre- sente tambien en G. H. Mead, Blumer (1986, pag. 9), y naturalmente tambien en GofFman. NarraciOn, identidad, interaccion: relectura 193 gracionalistas a las «reglas» preexistentes que supuestamente gobier- nan la actividad lingiustica . Los estudios pragmaticos mas influyentes hoy tambien ban teni- do que prescindir de reglas en favor de principios comunicativos mas flexibles tales como la relevancia. En el uso del lenguaje tanto ha- blantes como oyentes tienen en cuenta el caracter abierto de la inte- raccion. Por ejemplo, la fuerza intencionada de una enunciacion (si es una pregunta, una solicitud, etc.) puede dejarse indeterminada por parte del hablante o por parte de la respuesta interpretativa que le da el oyente: «puede ser que ambos irtterlocutores tengan interes en que la fuerza de la enunciacion sea negociable» (Thomas, 1995, pagi- na 195). Lo mismo puede aplicarse, por cierto, a las practicas litera- rias. Cuando Defoe publico Robinson Crusoe como un relato en pri- mera persona, su naturaleza factual o ficcional quedaba abierta para que la negociasen sus lectores. El habla en general, segun Thomas, «no es simplemente una re- flexion del contexto fisico o social, ni de la relacion entre los roles de los dos hablantes»; antes bien, su uso es creativo y dinamico; se em- plea tanto para establecer como para cambiar la naturaleza de la rela- cion entre los interlocutores y la naturaleza de la actividad en la que estan participando. El lenguaje puede usarse para «romper el marco»8 o recontextualizar el encuentro interactivo que esta teniendd lugar, redefiniendo aspectos del contexto «el contexto no puede considerar- se unicamente como algo dado, algo impuesto desde fuera. Los par- ticipantes, mediante su uso del lenguaje, tambien contribuyen a tra- cer y a cambiar su contexto» (Thomas, 1995, pag. 194). Lo cual se hace, en parte, mediante la reinterpretacion que hacen sobre cual es el contexto relevante, y su comunicacion mutua de esta reinterpreta- eion^. Esta contingencia del contexto ha sido enfatizada recientemente por Roger Sell (2000) con respecto a la comunicacion literaria: el con- texto no es algo ya dado, se establece no solo mediante la presuposi- cion, sino tambien mediante la negociacion. Puede cambiarse por medio de la interaccion. Esta co-adaptabilidad es un importante principio de la interaccion comunicativa. Enfatiza Sell la importan- 7 Vease los ensayos recogidos en Harris y Wolf, 1998, asf como la monografia deToolan, 1996. 8 Sobre la ruptura de marcos y la recontextualizacion, GofFman (1986) es y se- guira siendo un clasico. 9 Gee (1999) tambien enfatiza la capacidad constitutiva (o «refiexiva») del len- guaje: no solo se adapta a un contexto, sino que ayuda a definir y crear ese contexto o situacion social. 194 Jose Angel GarcIa Landa cia de ambos contextos, el contexto de escritura y el actual contexto de lectura, con el fin de desarrollar una pragmatica historica pero no historicista (Sell, 2000, pag. 183). Sin embargo, cuando Sell habla de la creatividad de los artistas a la hora de cambiar las convenciones y para responder a sus predecesores hariamos bien, asimimismo, en re- cordar la creatividad de los criticos a la hora de cambiar las conven- ciones de lectura. Ambas actividades textuales revelan la importancia de la vision periferica, la capacidad de prestar atencion a lo que es re- levante en el contexto comunicativo preciso en el que estamos impli- cados. Los buenos comunicadores, sean hablantes, escritores creati- vos o criticos, adaptan las normas de cortesia comunicativa que regulan la interaccion y las cambian de modo creativo para adaptar- se a la situacion (Cfr. Sell, 2000, pags. 219-220). La naturaleza integrativa del evento comunicativo ha de tenerse en cuenta a la hora de analizar el contexto y sus transformaciones. Las situaciones comunicativas son densas, e incluyen mas elementos de los que son senalados como relevantes por los hablantes o escritores. Pero, de nuevo, lo que es irrelevante para un interlocutor puede ser senalado como relevante por otro. Goffman (1981) observa que una respuesta interaccional no es lo mismo que una replica. En una res- puesta, el interlocutor que responde puede dirigirse a una parte del mensaje recibido mas algun elemento del contexto global que no era contemplado por el hablante. Esto es cierto en la interaccion habla- da, y es cierto asimismo en el debate critico entre escuelas en teoria li- teraria. Un Nuevo Critico puede desear concentrarse en la dinamica formal de un texto, mientras una critica feminista puede ver la rele- vancia que tienen para su propio proyecto critico muchos aspectos del texto que eran desatendidos por el formalismo. Esto supone una recontextualizacion de la interaccion propuesta, «cambiar el tema» de la conversacion critica y reafirmar el hecho de que las respuestas de lectores y criticos no estan subordinadas a los planes de los autores li- terarios. La modalidad comunicativa propuesta por el texto puede re- orientarse, y el texto usarse para un proposito comunicativo no cal- culado por su autor: por ejemplo, como tema de una interaccion subsiguiente entre un critico y sus propios interlocutores, que a su vez pueden desear contestar polemicamente a la intervencion del cri- tico y no meramente asentir o aceptarla. Una actitud reverente hacia la literatura todavia desorienta a muchos estudiosos a la hora de interpretar la funcion interactiva de la critica. Por ejemplo, lo que echo de menos en las teorfas sobre pragmatica literaria tanto de Wolfgang Iser como de Roger Sell es que haya un lugar para la interaccion entre si de lectores (o de crfti- Narracion, identidad, interaccion: relectura 195 cos) usando los autores o las obras como medio o tema de interac- cion.Tanto Iser como Sell tienden a tener en cuenta unicamente la interaccion autor-lector. «INTERACCION», «IDENTIDAD» Y «RELECTURA»: LECTURA RESISTENTE La narracion es, entre otras cosas, un drama de identidades, en el cual el autor y el lector interactiian de manera compleja, a traves de una interaccion simbolizada entre diversos sujetos textuales: au- tores y lectores imph'citos, narradores y narratarios, personajes. El lector es invitado, a veces mediante una compleja retorica de alocu- cion a narratarios ficticios, a adoptar una identidad propuesta por la narracion —a comportarse como el lector imphcito. La posicion del lector implfcito es, pues, el lugar provisional para la instalacion del lector en el intercambio discursivo— en tanto que lector, no en tanto que interlocutor plenamente autorizado. Desde el momento en que el lector se convierte en alguien mas, en escritor, en critico, etcetera, se plantea la eleccion entre dos alternativas: o bien seguir siendo un lector ideal que simpatiza con el texto, o bien delimitar una actitud fuera de los calculos del texto, volviendose un lector re- sistente10. La lectura resistente conlleva delimitar la posicion ideo- logica del lector frente al texto. La lectura resistente encuentra su espacio de expresion mas propio en la escritura critica: en realidad deberiamos hablar de critica. resistente o de escritura resistente. La lec- tura de por si estimula la participacion, la aceptacion temporal de los presupuestos del texto (excepto en el caso de textos provocativos u ofensivos). Solo la escritura tras la relectura invita a las modalida- des mas sutiles de analisis ideologico y de respuesta critica conside- rada. Podemos ahora reexaminar desde esta perspectiva el concepto de configuracion narrativa desarrollado por teorizadores como Mink y Ricoeur. Ambos insistieron en que la narracion tiene una dimension retrospectiva o aun retroactiva, haciendo resaltar un esquema inter- pretativo en los acontecimientos de la historia o de la experiencia per- sonal. Asf lo expresa Polkinghorne: 10 El termino es de Judith Fetterley, 1978. Cfr. las «lecturas sintomaticas» de Abbott, 2002, pags. 97 y sigs., y mi artfculo (2004) sobre las transformaciones de las situaciones comunicativas triangulares cuando son interpretadas por un tercero (o mas bien por un cuarto). 196 Josfi Angel Garcia Landa La actividad del argumento consiste en extraer una estructu- ra a partir de una sucesion, y supone un tipo de razonamiento que va y viene desde los acontecimientos hasta el argumento hasta que se da forma a un argumento que a la vez respeta los aconteci- mientos y los comprende en un todo. Hasta la «mas humilde» de las narraciones es siempre mas que una serie cronologica de acon- tecimientos: es la recopilacion de los acontecimientos para formar una historia con sentido (Polkinghorne, 1988, pag. 131). La perspectiva hermeneutica, que considera a la narracion un modo particular de conocimiento, ha resultado en una revalorization del concepto de argumento. Para Paul Ricceur, «el argumento puede aislarse de los juicios acerca de la referenda y contenido de una histo- ria, y puede verse en lugar de eso como el sentido de una narracion» (Polkinghorne, 1988, pag. 131). Naturalmente, el argumento de una narracion es «el sentido» propuesto por lapropia narracion. El ojo de un lector resistente, de un critico critico o «disonante» con el texto, puede detectar la violencia que se ha usado con los acontecimientos para configurar el argumento. Este es el tipo de razonamiento que emplean aquellas tendencias de la hermeneutica narrativa que de- nuncian la «distorsion retrospectiva» (hindsight bias) y las ilusiones perspectivisticas que se imponen mediante la forma narrativa, como por ejemplo la ilusion de fatalidad o la imposicion artificial de es- quemas interpretativos tragicos o comicos sobre la experiencia (Bernstein, 1994, Morson, 1994). La narracion tiene una fuerza configuracional retrospectiva que puede llegar a ser incluso una especie de retroaccion, ya que los acontecimientos pasados son «generados» en tanto que tales por las perspectivas actuales, y reciben la clase de identidad ideal que describfa Hume. Lo que deberfamos enfatizar aquf es que la observacion o valoracion de una narracion supone un nuevo tipo de reconfiguracion, especialmente cuando la narracion es recon- textualizada criticamente11. Se genera un nuevo argumento, uno 1' Cfr. Kerby sobre las autonarraciones: «Tambien aparece aquf una division o no-coincidencia en el sujeto debido a la naturaleza interpretativa de esta partici- pacion. Puede ser, por ejemplo, que uno no acepte la expresion como una repre- sentation adecuada de si mismo, lo cual puede hacer que el ciclo continue de nue- vo. Este ciclo de significaciones y apropiaciones constantemente nuevas no es, naturalmente, sino el marco dinamico en el cual tiene lugar el desarrollo perso- nal)) (1991, pag. 108). Estas nociones de Kerby sobre la situation circular y her- meneutica del yo, interpretandose con sus propias expresiones, estan tambien in- fluidas por Taylor (1985). NarragiOn, identidad, interaccion: relectura 197 que incluye al observador o lector. Una de las principales tareas de la critica (incluso de la critica hermeneutica «consonante» con la ideologla del texto) es hacer explicito lo que estaba impltcito. Pero esto implica tambien transformar, interpretar, desplazar el enfasis, apropiarse del sentido, dar una nueva configuracion a aconteci- mientos y relaciones. Las ideas preconcebidas, la tradicion o el dogmatismo pueden imponer una clausura narrativa predeterminada, una configuracion narrativa estandar, a las narraciones imaginativas o factuales. Pero, ar- guye Kerby, «con frecuencia la clausura queda desmentida por el sub- texto efectivo de la accion (el nivel prenarrativo); un subtexto que exhibe divergencias y contradicciones que no son retomadas en la empresa narrativa exph'cita. La autocomprension va a la par con el encuentro con la alteridad, con una emparia imaginativa hacia el otro que a su vez revela o desarrolla nuevas posibilidades para uno mismo» (Kerby, 1991, pags. 63-64). El analisis de semej antes fracturas textuales, o el retorno de los elementos marginales reprimidos, ha sido una tarea primordial de los desconstructivistas y de otros criticos post-estructuralistas. Lo que es interesante en la formulacion de Kerby es la manera en que senala a las dimensiones interactivas y constructivas del yo que tienen tales posiciones criticas. La complejidad configurativa de una narracion es evaluada re- troactivamente, en especial a traves de la relectura y de la critica, que es una forma de interaccion textual. El componente retroactivo es esencial tanto para la narracion como forma cognitiva como para la critica en las valoraciones que hace del significado cultural de las narraciones. Nuevas formas de complejidad, nuevas relaciones, se van descubriendo constantemente en textos supuestamente simples o bien conocidos, sobre los cuales aparentemente se habia dicho ya todo, una vez se recontextualizan esos textos en un nuevo marco teorico de analisis o un nuevo paradigma critico. La reconfiguracion critica de un texto tiene consecuencias para la evaluacion de aquellas configuraciones que habfan sido aceptadas sobre la base de una comunidad definida en el marco del propio tex- to (Gee, 1999). La critica, de modo mas claro que otras modalidades menos activas de interaccion textual, genera una dinamica de con- frontacion o disension, opuesta a una mera comunidad comunicati- va. Una disociacion que se produce al releer y al ofr como intruso y sin ser invitado, overhearing, un discurso dirigido a otro interlocutor, un interlocutor ideal. Es una disociacion que, como todas las dupli- caciones semioticas, produce significado. La experiencia de la lectu- / 198 Jose Angel Garcia Landa ra critica nos hace recorrer el circulo hermeneutico consistente en distanciarnos del yo invocado en el texto. La idea tan de sentido co- mun de que un texto hay que leerlo primero para captar su sentido global y luego releerlo para obtener una comprension mejor, podria quiza recibir una formulacion alternativa (tambien demasiado nfti- da, claro): que un texto habria de recibir primero una lectura conso- nante y colaboradora, y que la relectura habria de ser la ocasion para una lectura resistente, asumiendo una distancia critica que habria de definir nuestra posicion cara a nuestros interlocutores en el marco del encuentro comunicativo concreto de que se trate (con interlocu- tores me refiero no solo al autor del texto, sino tambien a lectores an- teriores del texto y a los receptores de nuestro propio discurso). Kerby ha propuesto una «Sistematizaci6n del yo en terminos de un juego de posiciones semioticas de sujetos hablantes, hablados e im- plfcitos» (1991, pag. 64). A esta concepcion deberiamos anadir una dimension interaccional y critica, ya que todos estos aspectos del su- jeto son representaciones comunicativas, y estan por tanto sujetas en cada caso concreto a un proceso dialogico de reconfiguracion y ree- valuacion. «VERDAD» E «INTERPRETACION» Podriamos acercarnos a la cuestion de la verdad en las interpreta- ciones criticas por via de un problema relacionado: la cuestion de la verdad en la autonarracion, tal como es formulada por Kerby: «Esta cuestion gufa nuestra investigacion actual: ,;hasta que punto puede considerarse la verdad de una autonarracion como una cuestion de adecuacion pragmatica y creativa, mas bien que como una corres- pondencia a la manera en que las cosas fueron o son en realidad?» (Kerby, 1991, pag. 83). Existe en esta formulacion un problema de circularidad, en el sentido de que la expresion «en realidad» tal como es usada aquf por Kerby es un concepto metafTsico, y no interaccional12. La manera en que las cosas fueron o son en realidad, jpara quien? Es decir, una vez reconocemos que el observador tambien esta situado nos vemos abo- cados a la definicion de la verdad como una cuestion de adecuacion pragmatica. 12 De hecho, el mismo Kerby observa que las narraciones «autendcas» sobre el pasado son solo versiones canonicas de relates (Kerby, 1991, pag. 38). Narracion, identidad, interacciOn: relectura 199 El significado de nuestros actos intenta alcanzar esa adecuacion en terminos de dos clases de motivos: motivos «porque» y motivos «para» (segun la terminologia de Schutz). El significado de nuestros actos, sin embargo, en tanto que se trata en terminos de motivos «porque» y motivos «para», es un pro- ducto de configuraciones argumentales retrospectivas y prospectivas que se basan en el pasado prenarrativo, y lo reconfiguran a la luz de las actuales necesidades de cofierencia y de sentido. Aqul una vez mas encontramos la dialectica de lo prenarrativo y la narracion, una dia- lectica que es, por tomar prfestada una frase litil de Merleau-Ponty, una dialectica de adecuacion creativa (Kerby, 1991, pags. 83-84). Merleau-Ponty sostuvo un debate contra la nocion tradicional de la verdad como algo previo a la experiencia, y a favor de una nocion de verdad constituida mediante la experiencia y la expresion, una no- cion que, de nuevo, esta emparentada con los planteamientos del in- teraccionismo simbolico. Merleau-Ponty propuso que «la verdad» no es un propiedad na- tural del mundo en si, sino que la consciencia descubre la verdad en contacto con el mundo. La verdad es inseparable de la operacion ex- presiva que la dice; no precede a la reflexion sino que es su resultado. Es decir, la verdad es una creacion en el marco del discurso que se presenta a si misma como adecuada (Polkingfiorne, 1988, pag. 30). Es esta una concepcion proxima sin duda a las de William James (1909) o George Herbert Mead (1929). Al igual que Roland Barthes, mejor que hablar de «realismo», hablaba de «efectos de realidad» cre- ados por una determinada retorica, podemos asi hablar, desde los planteamientos de una teoria interaccionalista simbolica del signifi- cado, de «efectos de verdad» que se producen localmente, en en- cuentros comunicativos concretos (por ejemplo, aqul). Esta nocion podria relacionarse tambien con otras concepciones anti-metafisicas bien conocidas. La interaccion y el debate critico en contextos espe- ciflcarnente situados tambien parecen centrales para la posicion pole- mica de Richard Rorty cuando sostiene que «mantener una conver- sacion» podria ser un objetivo suficiente para la filosofia (1979, pagi- na 378). Naturalmente, esa conversacion deberia incluir a determi- nados interlocutores, si aspira a ser relevante. Desde el punto de vista de la hermeneutica narrativa, la verdad de nuestras narraciones no reside en su correspondencia al significado previo de la experiencia prenarrativa; mas bien, la narracion es el significado de la experiencia prenarrativa. La adecua- cion de la narracion, por tanto, no puede medirse frente al signi- 200 Jose Angel Garcia Landa ficado de la experiencia prenarrativa, sino, hablando con propie- dad, unicamente frente a interpretaciones alternativas de esa expe- riencia (Kerby, 1991, pag. 84). Parece evidente que la experiencia prenarrativa mencionada no sera vivida por otros de la misma manera en que es experimentada por el narrador. Las diferencias de intereses, de proyectos, de ideolo- gia, resultaran en un debate entre narraciones o entre interpretacio- nes de esas narraciones. La exposicion de Kerby que acabo de citar no enfatiza el papel de la alteridad en el debate narrativo: de los otros, y de otras intenciones y proyectos, que resultaran en la critica resisten- te o critica critica a la que nos hemos referido, mas alia del impulso hermeneutico hacia la comprension. El lenguaje poetico tiene el potencial de subvertir las categorias or- dinarias, hablando desde una posicion prenarrativa y presubjetivizada (tal como es teorizado, por ejemplo, por Kristeva, vease Kerby, pag. 85). El psicoanalisis tambien utiliza la dinamica narrativa de modo creativo, «superando intepretaciones de nosotros mismos previas y posiblemente bien asentadas. Esta es tambien una razon por la cual la literatura, en sus mejores manifestaciones, es a la vez turbadora y Hbe- radora» (Kerby, pag. 86). Si los criticos son conscientes de estas poten- cialidades, tambien deberian ser conscientes del potencial creativo de su propio discurso, que es, como la propia literatura creativa, un en- cuentro critico con la alteridad, una historia en curso13. (Ahora relee este capftulo, otro capftulo). BIBLIOGRAFlA Abbott, H. R, The Cambridge Introduction to Narrative, Cambridge, Cam- bridge UP, 2002. Attridge, D., 1999, «Innovation, Literature, Ethics: Relating to the Ot- her*, PMLA 114, 1999, pags. 20-31. Bakhtin, M., The Dialogic Imagination: Four Essays, M. Holquist (ed.), trad, de C. Emerson, y M. Holquist, Austin, U. of Texas E, 1981. (Ed. 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